Hace cuatro años pasé más de nueve horas haciendo un trámite burocrático en Veracruz. Aún no entiendo cómo después de pasar un martirio como ese, existen personas que son capaces de regresar a sus casas y publicar frases positivas en Facebook. Supongo que contarán con un mecanismo de autodefensa superior al mío. Durante esas horas, mi cerebro se fue a pasear y mi cuerpo permaneció inerte en fila. Avanzando un paso cada dos años.
Debo explicarles que tengo una relación bastante cordial, pero distante,con mi cerebro. Mientras él responda a mis exigencias – escribir cuentos, saber que la capital de Djibouti es Djibouti, y algunos datos variados de fútbol – , yo dejo que haga lo que quiera. La bronca es que a veces se aventura a zonas bastante incómodas. Una vez, mientras hacía fila en el súper, se fue de paseo varios días y regresó convencido del nihilismo. Compadre, me decía, en vez de estar preocupándote por creer en algo, mejor no creamos en nada. Tuve que explicarle que su interpretación de Nietzsche era equivocada. Continúa leyendo Solipsismo Burocrático